MEDICINA HIPOCRÁTICA


Sus escritos y los escritos de sus muchos discípulos dan forma al “Corpus Hipocraticum” o Escuela Hipocrática. Cuando hablamos de Hipócrates nos referimos a esta Corpus Hipocraticum. Los tratados que integran la Colección Hipocrática, lejos de estar escritos por un solo autor, proceden de <<escuelas>> distintas y de épocas diferentes, aunque en su mayoría corresponde a los siglos V y IV a. C. y a las escuelas de Cnido y Cos.

Para los hipocráticos, la “hygieie” (salud) es el más alto de los dones. Para entender el concepto de enfermedad en la mentalidad hipocrática es preciso conocer lo que entienden por physis o naturaleza pues, para ellos, <<no es posible conocer la naturaleza de las enfermedades, si no se conoce la naturaleza en su indivisibilidad>>.

Para un hipocrático lo importante es la armonía con la naturaleza y todas las enfermedades consisten en desórdenes de la naturaleza. La protagonista de la curación es la naturaleza y es ella misma  la que espontáneamente recobra su armonía y resurge la curación; o el médico debe intervenir para ayudar a llevar a cabo lo que la naturaleza no es capaz de realizar por si sola. El hipocrático intenta individualizar el tratamiento, según la constitución del enfermo, la edad, la estación del año y el momento. Hay enfermos, no enfermedades. El principio básico de la terapéutica hipocrática era la <<fuerza curativa de la naturaleza>>, que el médico se limitaba a favorecer mediante la <<dieta>> - no reducida a la alimentación, sino entendida como régimen de vida – los fármacos, y la cirugía.

Entre las indicaciones terapéuticas se encuentran además de la dietética o regulación de la alimentación, la farmacoterapia y la cirugía. También el ejercicio, la actividad profesional y las costumbres sociales. Todo ello es “diaita”, dieta. La dieta abarca no solo la alimentación sino el régimen o forma de vida. Según Honorio Gimeno, en la medicina hipocrática se preconiza de preferencia el empleo de la influencia psíquica y de medios dietéticos como régimen de vida. La enfermedad se produce “a través del desarreglo dietético”  

Tres de los principios terapéuticos empleados por los médicos hipocráticos son:

1.-  <<Primum non nocere>> que dirían luego los seguidores latinos: antes que nada no perjudicar, es preferible no hacer nada a empeorar la situación. La terapéutica hipocrática trató siempre de favorecer sin perjudicar, iba dirigida a todo el cuerpo enfermo y no a sus partes, y se ejecutó con prudencia.

2.- Se debe ir a la causa de la dolencia. Ir contra la causa y el principio de la causa.

3.- Abstenerse de actuar ante las enfermedades incurables, aceptando la inevitabilidad de los procesos (fisiológicos)  

Fue en la escuela de Cos, que tuvo a Hipócrates como alumno, donde apareció por primera vez la idea de una patología general en lugar del concepto de la enfermedad como un proceso limitado a un órgano; así pues, la enfermedad fue considerada como una reacción de la physis o naturaleza del cuerpo, frente a las materias morbosas resultantes del desequilibrio de los humores.

            El interés de la escuela de Cos por las enfermedades agudas y febriles hizo que se interpretara el curso de los procesos morbosos en tres etapas: la enfermedad aparecía por la alteración de humores crudos, apepsia que se manifestaban por los síntomas generales de la enfermedad.  Mediante la reacción de la physis o naturaleza del cuerpo, se cocían los humores crudos, pepsis, sobreviniendo la fiebre, la inflamación de los tejidos o se formaba el pus.  La curación del enfermo podía ocurrir por la brusca eliminación de los humores ya conocidos o crisis, y también más lentamente, por la excreción paulatina de los materiales morbosos en la lysis.

La enfermedad se inicia en el interior del cuerpo humano cuando la mezcla armónica y proporcional de los humores se altera. Como consecuencia inmediata de la desarmonía humoral suele producirse una acumulación de sustancias proveninentes de la desarmonía en determinados lugares del organismo, lo que la tradición hipocrática llama un “depósito”. Este “depósito” debe ser expulsado a corto o largo plazo por el organismo a través de una “pepsis”, es decir, una cocción. La aparición de la cocción, que indica el momento máximo de la expulsión, se traduce exteriormente en una crisis. La expulsión de la desarmonía se produce pues por las vías de eliminación: flemas, heces, sudores, etc.

La medicina hipocrática, según Lichtenthaeler y Laín, constituye el origen de una concepción científica de la medicina universal, definitivamente liberada de la religión y la filosofía y establecida como un conocimiento técnico. Surgió en el siglo V. a.C. Hipócrates usó los sentidos y la mente como los únicos instrumentos diagnósticos, creó la medicina clínica junto al lecho (klina) del enfermo.

Según Diller, el Corpus Hipocraticum comienza con el planteamiento de la hipótesis humoral, las bases de un diagnostico racional y los cuidados en la elección de la dieta o régimen de vida para un buen tratamiento. Siguien do la obra “ De aires, aguas y lugares”, que es el primer texto sobre geografía médica, climatología y antropología; describe el carácter de las estaciones del año y las enfermedades que les son peculiares, la influencia de los vientos y las aguas consideradas como alimentos, y las diferencias constitucionales entre las razas. En los “Pronósticos”, base del prestigio hipocrático, por predecir el curso de enfermedades y epidemias, evalúa los signos conocidos por la facies  hipocrática, la postura del enfermo, los movimientos del cuerpo y de los miembros, la  respiración, sueño, excrementos, orina, vómitos, expectoración, supuración, dolores y los diferentes tipos de fiebre. El régimen en las enfermedades agudas se centra en la preparación de la cocción de cebada, los cambios en la dieta, los efectos del vino, el hidromel (agua y miel) y oximel (vinagre y miel), y el agua en los baños. Recomendó la práctica de trabajos corporales y ejercicios al aire libre, a fin de provocar el sudor.

            Hipócrates, en palabras de Honorio Gimento, “preconizó la utilización del ayuno, el pan integral y las frutas y hortalizas crudas y aconsejó que en cuestiones de alimentación se atendiese al instinto del enfermo. En lo fuerte de la enfermedad, conviene alimentación muy débil o la supresión absoluta de todo alimento. En las diarreas intensas la ingestión de manzana cruda. En invierno y en primavera, se puede comer más que en verano y en otoño. Cuando se tiene fiebre, el mejor alimento es el jugo de frutas. Si un enfermo se ha adelgazado bastante por enfermedad larga, no tiene que comer demasiado para recuperarse antes, sino que ha de hacerlo con precaución. Cuando la enfermedad no es muy importante y evoluciona en sentido favorable, el médico no ha de emplear muchos remedios; es mejor que actúe la fuerza vital natural, a ser posible, por sí sola. Dicha fuerza se conoció después en versión latina como “vis medicatrix naturae”.

            En cuanto a la aplicación del agua nos dice: “Los baños fríos, seguidos de ejercicios físicos, dan más calor al cuerpo que los baños calientes Los dolores muy fuertes de la gota o del reumatismo pueden desaparecer con repetidos chorros de agua fría. El agua del mar cura heridas y úlceras cutáneas”

Entre los Aforismos podemos destacar: (I, 1) La vida es breve y el arte largo, la ocasión es fugaz, la experiencia falaz y el juicio difícil. No basta que el médico haga por su parte cuanto debe hacer, si por la suya no concurren en el mismo objetivo el enfermo, los asistentes y demás circunstancias externas. (I,6) A grandes males, grandes remedios. En el aforismo 65, sección 7ª leemos : “El alimento dado al que tiene fiebre, en la convalecencia le vigoriza; durante la enfermedad, le empeora.”

Como indica Francisco Guerra, Hipócrates consideró que la función primordial del médico era conocer técnicamente la physis o naturaleza de los enfermos y mediante el dominio del arte ayudarla a que restablezca su armonía. Para Hipócrates hay una causa principal de las enfermedades, las alteraciones producidas por los alimentos. Incluye también otros agentes patógenos externos, las aguas y el aire considerados como alimentos, y no olvida los excesos en el ejercicio o el reposo, los agentes traumáticos, los parásitos y las emociones violentas. Se refiere extensamente a las enfermedades producidas por agentes del medio ambiente en el tratado “De aires, aguas y lugares”, donde considera el efecto de los vientos fríos y calientes, la acción de aguas demasiado frías y palustres, así como los alimentos y las dietas características de cada país.

En el Corpus hipocraticum se aceptan las ideas ya establecidas por las escuelas de Cos y Crotona, que explicaban el proceso morboso como un desequilibrio de los humores del cuerpo. En la interpretación hipocrática, la enfermedad se iniciaba con la separación, apókrisis, del humor casual.

            La causa fundamental de la enfermedad en la patología hipocrática era explicada por la corrupción de los residuos alimenticios, perissômata,  no asimilables, retenidos en el organismo. El estudio racional, katástasis, del enfermo se iniciaba con el examen de su aspecto externo y con la exploración sensorial del cuerpo y las evacuaciones.

Como nos dice Baumann, los textos hipocráticos indican clara y repetidamente que la curación de las enfermedades es obra de la naturaleza del organismo, pues la physis encuentra por sí misma la vía curativa a seguir sin necesidad de maestro. La función del médico es conocer su modo de acción para ayudarla y no interferir en sus mecanismos, procurando que el enfermo contribuya a la acción curativa de su propia physis.  El tratamiento debe llevarse a cabo, observando los hechos presentes en la enfermedad, obrando de un modo semejante a como actúa la naturaleza.  

Los hipocráticos prefirieron los remedios dietéticos o la farmacología suave. Se emplean también los baños y los fomentos. En las úlceras o heridas, además de los cuidados tópicos, pone atención en la dieta.

El médico necesita la colaboración del enfermo para llegar a la curación y ayuda a la naturaleza a hacer aquello que por sí misma no podría hacer. Para el médico hipocrático es importante escuchar al paciente, se tiene en cuenta lo subjetivo, lo sentido por él. Además debe estudiar sus relaciones con los demás, los cuales pueden ser de ayuda para la curación.

El recurso terapéutico principal fue la dieta, díaita, expuesta en los tratados “Sobre la dieta donde se describen las características, preparación e indicaciones de los alimentos, tanto para el enfermo como para el sano.  Así, en las crisis de las enfermedades era conveniente disminuir la alimentación. Recomendación que según Laín Entralgo permaneció como regla general hasta mediados del siglo XIX. En las enfermedades febriles y agudas se recomendaba una dieta líquida, como la decocción de cebada ptisane y la dieta láctea; además se explica el uso del hidromel, oximel, vino, vinagre y otros productos.  Se daba gran importancia a los ejercicios corporales, el masaje y los baños, principalmente en el mar.

  Son frecuentes  los consejos generales sobre la persona del médico; en “Sobre el médico” recomienda que sea de aspecto agradable y bien nutrido, porque el público considera que quienes no cuidan de sí mismos no son capaces de atender a otros. El médico debía llevar una vida honesta y reglada, ser amable y tolerante, no ser impulsivo ni de mal humor, pero tampoco demasiado alegre. En “Sobre el decoro” da normas para entrar en la habitación de los enfermos y la forma de comportarse durante la exploración. Convenía repetir la exploración para evitar engaños, teniendo en cuenta que los enfermos mienten a menudo. Indica que el médico debía huir de ruidos y de olores; tratar con calma y serenidad al enfermo, evitando que se entere de lo que pudiera ocurrirle de naturaleza grave, pues en algunos conducía a actuaciones extremas. Hay que “hacer lo debido y hacerlo bellamente”. Todas las recomendaciones éticas sobre el comportamiento médico lo encontramos en el Juramento Hipocrático.  


Algunos aforismos de Hipócrates son las siguientes:

La vida es breve; al arte (de curar), largo; la ocasión (de curar), fugaz; la experiencia, engañosa; el juicio, difícil

Que la comida sea tu alimento y el alimento tu medicina.

Hay una circulación común, una respiración común. Todas las cosas están relacionadas.

La guerra es la mejor escuela del cirujano.

Ni la sociedad, ni el hombre, ni ninguna otra cosa deben sobrepasar para ser buenos, los límites establecidos por la naturaleza.

No daré veneno a nadie aunque me lo pida, ni le sugeriré tal posibilidad.

El alimento dado al que tiene fiebre, en la convalecencia le vigoriza; durante la enfermedad le empeora.

Lo que cura a uno, mata a otro.

La medicina es la más noble de todas las artes, pero, debido a la ignorancia de quienes la practican, va muy a la zaga de las demás.