Alexander Fleming (1881 1955)

 

Bacteriólogo escocés, famoso por haber descubierto la proteína Lisozima, la cual contiene propiedades antibacteriales; sobre todo por el descubrimiento de la penicilina, que ataca a gérmenes y no afecta a los glóbulos blancos del organismo humano.
Nació en Ayrshire, Escocia el 6 de agosto de 1881; el séptimo de ocho hermanos, sintió el llamado de la medicina a principios del nuevo siglo.
Se tituló en Medicina en la Universidad de Londres y en la escuela de Medicina del Hospital de Santa María, estudió con beca en 1902, donde cambió la cirugía por la bacteriología, para esa época trabaja en los muelles.

A pesar de que las investigaciones médicas estaban peor remuneradas que la práctica de medicina, Fleming decidió dedicarse al estudio con Wright, quien era conocido en el mundo médico. Wrigth y Flemign buscaron los agentes farmacológicos que aumentaran la eficiencia de los leucocitos en su lucha natural contra los invasores microbianos. Durante 8 años trabajaron en este problema concluyendo exitosamente; cuando estalló la I Guerra Mundial, fueron enviados al servicio médico del ejército, donde salvaron millares de vidas con la vacuna contra la tifoidea.
Fleming tuvo oportunidad de seguir estudiando los problemas de profilaxis y remedió la infección, que anteriormente era atacada por los médicos y cirujanos militares usando compuestos químicos como el ácido carbónico y el yodo.

En 1919 lo nombraron profesor del Royal College of Sorgeons. Luego, en su incesante búsqueda de un antiséptico efectivo, descubrió en 1920 la lisozima -enzima presente en secreciones corporales como las lágrimas-, que ciertamente poseía efectos antibacteriales, pero no tan potentes como los requeridos. Al tirar un cultivo de gérmenes de estafilococos que había estado al descubierto algunos días, cayeron las secreciones en las placas del cultivo y observó que en los lugares donde caían las gotas, morían pronto los microbios. Perspicacia en sobredosis: Lo que vieron sus ojos un feliz día de 1928, dio sentido a muchos meses posteriores de investigación. Por esos días el bacteriólogo investigaba el virus de la influenza y estaba cultivando estafilococos en platos de Petri. Uno de los muchos recipientes que tenía apilados en el caos de su laboratorio procedía de un centro de análisis micológicos que funcionaba en el piso superior del edificio; Fleming notó que sobre el plato estaba creciendo moho y que alrededor de este se había formado un halo o área libre de estafilococos, hecho que atrapó de inmediato su atención.

  En ese instante se puso a prueba toda su perspicacia y su capacidad para el razonamiento deductivo; esa capa de moho contenía alguna sustancia que inhibía el crecimiento de la bacteria, lo que lo hizo gritar: "¡Eureka!". Llamó al principio activo: penicilina notatum. Publicó sus experiencias en el Journal of Experimental pathology, revista de patología experimental en 1929, sin embargo, el hallazgo no despertó mayor interés en la comunidad científica.
Durante la Segunda Guerra Mundial las sulfas, salvaron incontables vidas al curar infecciones. Fue el primer médico que aceptó probar en sus pacientes sifilíticos un compuesto del químico alemán Paul Ehrlich llamado salvarsán; lo administró decenas de veces con la nueva y difícil técnica de la inyección intravenosa.

 Para 1932, Fleming había cambiado su objeto de estudio y jamás dio el paso crucial: probar la sustancia en ratones. En 1938, Florey y Chain dos químicos ingleses, retomaron dichas investigaciones y se dedicaron a aislar la penicilina, que era tan potente contra bacterias patógenas e hicieron las pruebas de rigor en ratones infectados. El compuesto cambió para siempre el tratamiento de las infecciones bacterianas y dio origen a una ingente industria farmacéutica, cuyos productos sometieron, en poco tiempo, a temidas enfermedades como: neumonía, sífilis, tuberculosis y gangrena.
Fleming fue nombrado Sir en 1944 y en 1945 compartió el Premio Nobel de Fisiología y Medicina con los científicos británicos Howard Walter Florey y Ernst Boris Chain por sus contribuciones al desarrollo de la penicilina; aunque se le asocia sólo con el descubrimiento de la penicilina, Fleming fue además pionero en el uso de compuestos antisifilíticos.
A pesar de ser conocido mundialmente, Fleming siguió siendo científico modesto y solía decir: "Yo no hice nada". Éste pensaba que su mayor triunfo era la aceptación de su punto de vista sobre el tratamiento de las enfermedades y el estímulo a las investigaciones para encontrar nuevos antibióticos que remediaran las infecciones y su aplicación permitió el desarrollo de las sulfamidas que no son estrictamente antibióticos, pero que también se consideran medicamentos milagrosos.
Fleming murió en Londres, Inglaterra, el 11 de marzo de 1955. Años antes del infarto que en 1955 acabó con su vida, declaró que su único mérito fue no ignorar aquella sugerente capa de moho. Y justamente por haber dado a su hallazgo el debido seguimiento, fue enterrado como un héroe en la Catedral de Saint Paul, en Londres.
Descubrió las propiedades antibióticas del hongo penicillium notatum en 1928. El aislamiento de la penicilina se realizó durante la II Guerra Mundial, como una investigación fundamental para tratar a los soldados heridos. Es en este momento cuando nacen los antibióticos. La importancia de toda la investigación sobre estos fármacos está corroborada por el aumento de la esperanza de vida de la población y, sobre todo, por la disminución radical de la mortalidad infantil.
Alexander Fleming fue una persona muy entregada a su trabajo, por tal motivo no tuvo tiempo para relaciones sentimentales; sin embargo, no deja de ser uno de los más grandes benefactores de la humanidad.