TREPANACIONES Y DEFORMACIONES CRANEALES EN TIWANAKU

Dr. Ramiro Alvarado
 Neurocirujano (La Paz - Bolivia)
Miembro de la Sociedad de Neurocirujanos de Bolivia, Miembro de la Sociedad de Historia de la Medicina en Bolivia
Fellow of International Collegue of Surgeons
Fellow of The Royal Society of Medicine

 Las trepanaciones realizadas por las culturas Pre Colombinas en los territorios de nuestra América Latina, fueron efectuadas por la cultura Tiwanakota, siglos antes de la cultura Incaica. Esta se desarrolló aproximadamente a partir de 1300 hasta su caída con la captura de Atahuallpa por Pizarro en 1532, y algunos autores atribuyen equivocadamente la autoría de las trepanaciones a los Incas, ya que por estudios realizados en diversas piezas arqueológicas y la cerámica, se ha establecido con absoluta certeza que estas prácticas se remontan a los primeros periodos de la cultura y civilización de Tiwanaku, establecida en los territorios que actualmente ocupan parte de Bolivia y del Perú. Algunos autores como Max Uhle le dan una antigüedad de 1500 años antes de nuestra era y otros como Posnasky de 10.000 años antes de nuestra era.

El primer dato escrito sobre una trepanación la obtenemos de la referencia que se encuentra en la mitología griega donde se describe: Que el dios del Olimpo Zeús, al sentir intensas cefaleas, ordenó a su hijo Hefesto le abra la cabeza para liberarse de los intensos ruidos y dolores insoportables que sentía. En esta emergencia se dice que, de la cabeza hendida de Zeús salió a la luz Atenea.

La historia del conocimiento de las trepanaciones, como nos indica Juan B. Lastres, comienza el año 1839 cuando Lehman-Nitsche, examinando el atlas de Morton (Precursor de la anestesióloga) encuentra la fotografía de un cráneo con señales de trepanación. Morton sostenía que se trataba de una lesión traumática.

Sin embargo, los primeros estudios de carácter verázmente científico corresponden al investigador Efrain George Squier en 1865, cuando llegó al Perú, después se traslado a Bolivia a visitar Tiwanaku y fue el primero en emplear el equipo fotográfico en las ruinas mejorando la labor documental gráfica. Squier es el primero que describió un cráneo con una trepanación cuadrilátera, encontrado en la provincia de Urubamba en el Perú. Este cráneo fue enviado a los Estados Unidos, donde fue examinado por Wiman y Nott, posteriormente en Francia por Nelatón y Broca. Paul Broca eminente médico y antropólogo francés que acababa de hacerse conocer al mundo por su feliz hallazgo de la localización cerebral del centro del lenguaje, dio a conocer sus observaciones de dicho craneo en su trabajo publicado en 1878 con el nombre de "Crane Peruvien".

De estas investigaciones se llegó a la conclusión que este cráneo indígena tuvo una trepanación que fue realizada en vida del sujeto y por las secuelas cicatriciales que presentaba en los bordes de la trepanación cuadrangular rectilínea en región frontal derecha, se dedujo, que sobrevivió de siete a diez días, según Broca. M. Nelaton le dio una sobrevida de cincuenta días.

Estos procedimientos han sido bien estudiados en el Perú por Lastres, Tello, Quevedo y otros, debido a que una gran cantidad de cráneos trepanados han sido encontrados en su territorio donde se asentaron las culturas Mochica, Paracas y posteriormente la Chimú que realizaban estas prácticas.

Respecto a Bolivia, los estudios pertinentes son muy escasos y se destaca en primer termino la labor realizada por Adolf. F. Bandelier, suizo de nacimiento que emigró conjuntamente con su familia a los Estados Unidos y se nacionalizó. En sus investigaciones durante dos años en Bolivia de 1895 a 1897, recolecto 1200 cráneos de los cuales 65 tenían trepanaciones es decir un 5%, algunos con múltiples trepanaciones. Sensiblemente todos fueron enviados al Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, despojándonos de un valioso material documental.

No podemos dejar de Mencionar a Arturo Posnansky, nacido en Viena en 1873, quien desde los 27 años vivió en Bolivia. Se caracterizó por su apasionado afecto a los monumentos de Tiwanaku, realizó trabajos sobre craneometría donde utilizó varios cráneos trepanados que los encontró en sus excavaciones junto con algunos de los instrumentos para estas intervenciones de una aleación de cobre y plata que se conoce como champi, estos instrumentos se los llaman "Tumis" (Fig. 1).

 

Por todos los datos obtenidos estamos convencidos que esta practica se llevo a cabo en vida de los sujetos, por la presencia de signos de regeneración osea que se perciben examinando los bordes de las craneotomías, pudiéndose apreciar la sustitución de los alvéolos de la capa esponjosa del diploe por el tejido compacto, lo que demuestra en forma contundente un proceso de osificación. Esto nos prueba que las trepanaciones fueron seguidas de una sobrevida más o menos prolongada. En algunos cráneos podemos observar múltiples trepanaciones y en diferentes tiempos ya que se puede apreciar la regeneración completa o casi completa de la primera y parcial de las posteriores, (Fig. 2). En otras no se aprecia ninguna reacción de regeneración de lo que se puede deducir que no hubo sobrevida, debido a que la idea de trepanación post-morten en las culturas andinas ha sido completamente descartada.

Si aceptamos que las trepanaciones se realizaban en vida, entonces cabe preguntarse ¿Por qué trepanaban?

En nuestra opinión, hay razones que demuestran una finalidad terapéutica, sobre todo en los traumatismos cráneo encefálicos donde hay claras evidencias de haberlas realizado en individuos que sufrieron golpes en la cabeza en los que se puede apreciar trazos de fractura y hundimientos.

 

Es evidente que por las constantes confrontaciones bélicas y por el tipo de armas que usaban, como los mazos y hachas de pedernal, se producían heridas con fracturas óseas y hundimientos craneales, post-traumáticos mayormente encontrados en región parietal izquierda.

Pero surge la gran incógnita cuando nos encontramos ante cráneos trepanados donde no existen indicios de traumatismo ni fracturas, ni hundimientos, ni tampoco signos de infección como periostitis. Cabe preguntarse ¿Si nuestros antepasados tuvieron un conocimiento avanzado de la medicina y si su diagnóstico fue correcto? ¿Fue el procedimiento para evacuar una colección o realizar una descompresión por hipertensión intracraneal, o fue un acto mágico religioso? Pensamos que fue al fin y al cabo un acto terapéutico, ya que la dolencia que querían extraer era mágica. Seguramente viendo algunos cuadros clínicos como intensos dolores de cabeza (cefaleas), crisis convulsivas epileptiformes o alteraciones mentales, pensaron que abriendo la cabeza podían solucionar el mal sacando a los malos espíritus que producían estas alteraciones, así si examinamos algunos cráneos trepanados nos queda el ánimo de afirmar estos hechos.

Muchos de los autores e historiadores como el Inca Garcilazo de la Vega, el padre Cobo, Huaman Poma, etc. nos han dejado escritos y la transmisión oral de padres a hijos nos demuestra que en nuestras culturas Pre Colombinas sí existió un apreciable conocimiento médico; lógicamente no exento de superstición mágica y mística.

Con todos los datos obtenidos y las muestras que apreciamos, podemos afirmar sin duda alguna que existió un fin terapéutico, basándonos además en las investigaciones de varios investigadores como Daniel Laboreira en 1901, Adolf Bandelier en 1904, Julio C. Tello en 1912, Edmundo Escomel en 1920 y últimamente E. Roca y F. Cabieses. Sea este hecho taumatúrgico, traumatológico y en algunos casos por padecimientos médicos de hipertensión intracraneal, por las deformaciones craneanas que muchos siglos antes de la cultura Inca ya se realizaban, estas deformaciones producían un aumento de la presión intracraneal, la que se puede constatar en algunos casos por la presencia de las llamadas impresiones digitales que observamos en algunos cráneos deformados. Este tipo de prácticas traía consigo alteraciones mentales con disminución del coeficiente mental, ataques epilépticos, cefaleas etc. Estas alteraciones con toda seguridad pudieron ser el motivo para realizar las trepanaciones por nuestros antepasados Tiwanakotas (Fig. 3).

 

Juan Manuel Balcazar en su libro sobre "La Historia de la Medicina en Bolivia", nos refiere que según Pachacutec: "El inca Manco Kapac ordenó que se amarre la cabeza de los indios recién nacidos para que crezcan con deficiencia mental, ya que los indios con cabeza grande y redonda eran muy emprendedores y en especial muy desobedientes" Le interesaba entonces que la gente tenga cabeza larga y quebrada de frente para que sean sumisos y obedientes. Como se puede apreciar eran costumbres muy anteriores a la cultura incaica.

Es interesante anotar que en algunas tumbas se han encontrado cráneos que fueron deformados en vida como la muestra de la chullpa estudiada por el investigador Edgar Arene en la que se observa un cintillo de plata en región frontal y occipital que produjo la deformación: Muchos han tratado de dar una explicación y averiguar la finalidad y el origen de estas deformaciones; pensamos que en un principio fue una moda o por imitación a algo y posteriormente se arraigó y derivó a costumbre establecida. 

 

Respecto a las trepanaciones y la justificación de uno u otro procedimiento según la causalidad que lo motivara, se encuentran dos posiciones claramente definidas. Una de las cuales sostenida por la mayor parte de cuantos investigadores se han ocupado del asunto, que piensan que fueron determinadas por lo que hoy conocemos como traumatismo cráneo encefálico, con el raspado de heridas o excoriaciones y levantamiento de fracturas con hundimiento. No obstante la posición que a nuestro modesto juicio tiene mayor justificación, es que se trato de dar salida a los espíritus malignos que motivaban uno u otro padecimiento, sin dejar de anotar las motivaciones por golpes y fracturas post-traumáticas, en las que también estamos de acuerdo.

También en algunos cráneos trepanados se ha demostrado la presencia o coexistencia de procesos expansivos cerebrales, óseos o signos de hipertensión intracraneana. Por otro lado se ha constatado una sobrevida de los sujetos intervenidos en un 60%. A pesar de esta sobrevida admitimos la posibilidad que en alguna ocasión la intervención aportase algún beneficio o incluso la curación de posibles colecciones epidurales, pero estos casos serían excepcionales, debido a que podemos observar trepanaciones muy pequeñas que no pueden permitir un tratamiento eficaz, de cualquier manera es indiscutible que el conocimiento médico de los Tiwanakotas ha sido considerable y nos queda el reto de seguir investigando.