LA COCA EN LA AMÉRICA PRECOLOMBINA

 
  Los primeros restos de hojas de coca encontradas en asentamientos humanos datan del IV período precerámico (años 2.500/1.800 A.C.). Se trata de bolsas de hojas, ya preparadas, que se enterraban junto al muerto, posiblemente para guiarlo y alimentarlo en su viaje al más allá. Esta corriente mística de la coca se reafirma con las tradiciones orales de los Aymaras de Bolivia, los cuales le atribuyen al arbusto orígenes divinos. Dichas narraciones crean puntos de contacto entre la coca y otras plantas místicas latinoamericanas, como el Peyotl de los Yaqui.

 Antes de la llegada de los españoles, el uso de la coca estaba extendido por toda la zona andina, alcanzando las actuales Venezuela, Panamá, Costa Rica y Nicaragua por el Norte y el norte de Argentina por el Sur. En el imperio Inca la hoja de la coca se usaba como instrumento de intercambio (moneda), se entregaba como expresión de amistad y se usaba como ofrenda en el ceremonial religioso. Un rol muy similar al de la semilla del cacao (otro estimulante) entre los aztecas. La planta de la coca era cultivada en plantaciones estatales, para el consumo de los funcionarios y de los trabajadores de obras públicas. Esta producción de coca se redondeaba con el pago de un tributo en coca por parte de los pueblos conquistados.

Los españoles y la coca

Pese a que muchos de los conquistadores del Perú (empezando por el mismo Pizarro) se aficionaron pronto a masticar coca, la versión oficial de la administración española era que las supuestas virtudes de la coca no pasaban de ser una sugestión por parte del indígena, una superstición quizá inducida por el demonio (2). Sin embargo, ante los buenos resultados producidos entre los indígenas que la consumían, los españoles no vacilaron en empezar a cultivar y distribuir ellos mismos la coca, ... y, a decir verdad, sin demasiados prejuicios morales (3).

Las plantaciones de coca del estado inca fueron repartidas entre varios colonos españoles, integrándose en la economía colonial, concretamente en los círculos comerciales internos que abastecían Potosí. España necesitaba la plata de Perú, sin la cual su imperio era poco menos que nada, pero los mineros, obligados a trabajar bajo condiciones infrahumanas en Potosí no eran nada sin la coca.

A finales del siglo XVI, y sólo en Cuzco, había más de cuatrocientos mercaderes españoles que vivían exclusivamente del cultivo y comercialización de la coca. La producción se calcula en más de 100.000 cestos (cada uno aproximadamente de 20 libras) por año. Dos siglos más tarde, Yungas de la Paz desplaza a Cuzco como la gran productora de coca. Su producción anual oscila entre los 230.000 y los 300.000 cestos. El 88% de esa producción procede de 341 haciendas, propiedad de criollos o mestizos.

Entre los españoles existieron siempre dos corrientes de pensamiento para explicar el fenómeno de la coca. Algunos, como Juan de Matienzo o Juan de Solorzano, defendían la costumbre de masticar coca sosteniendo que el zumo de las hojas de coca le quitaba al indígena parte de su debilidad natural y pereza innatas, ante lo cual trabajaba mejor. Por el contrario, Huaman Poma de Ayala atacaba ferozmente su consumo, ya que afirmaba que "quitaba las ganas de comer", ante lo cual los consumidores morían por inanición. (4) F.P. Sanz, Intendente de Potosí, opinaba lo contrario que Matienzo o Solorzano, ya que para él la coca provocaba abulia y estupidez. La Iglesia, para finalizar, tampoco veía con buenos ojos el uso de la coca: el primer Concilio eclesiástico de Lima (1551) condenó su uso por las claras vinculaciones con las religiones (satánicas) paganas. Sin embargo, y dados los ingentes beneficios que proporcionaba su cultivo y comercialización, las quejas de los detractores de la coca siempre cayeron en saco roto.

Esto ayudó a que, con el tiempo, la sociedad hispano-criolla fuera aceptando la coca. Ya en 1590, y basándose en la observación comparativa, el padre Acosta daba por ciertas las propiedades estimulantes de la coca (5). A lo largo de los siglos XVII y XVIII se extendió el uso de la coca entre las clases medias de la población (criollos y mestizos). Incluso la medicina la adoptó como fármaco, bajo la forma de inhalaciones, infusiones o cataplasmas, frente a males tan diversos como el asma, las hemorragias, el dolor de muelas, fracturas diversas, vómitos o diarrea. La hoja de la coca se había introducido en el mundo colonial español, junto al tabaco y al cacao.

La cocaína

 

La cocaína (clorhidrato de cocaína) es el principal de los 14 alcaloides de la coca. Se aisló y clasificó por primera vez en Alemania, en 1862. Pocos años antes, en 1859, el neurólogo Paolo Mantegazza había escrito el primer tratado serio sobre las propiedades de la hoja de coca (6). Su publicación supuso la proliferación de los estudios sobre la planta.En 1884 Karl Koller usó por primera vez las propiedades anestésicas de la coca en la cirugía, creando la anestesia local.

Simultáneamente la coca era cada vez más apreciada como reconstituyente y estimulante (7).
En ese mismo año (1884) Sigmund Freud publicó un ensayo titulado Ueber Coca, en la cual analizaba las propiedades de la coca y la recomendaba para tratar la Neurastenia, nombre por el cual se entendía en la época una serie de malestares físicos ocasionados por la tensión nerviosa y la fatiga. (En gran parte, nuestro famoso "estrés"). Sin embargo, Freud cometió el error de definir la cocaína como una esencia o concentrado de la coca, con sus mismas propiedades y sin una personalidad propia. Este error de apreciación, como veremos, resultaría fatal para el futuro de la coca.

Durante la última década del siglo XIX, la empresa farmacéutica norteamericana Parke Davis empezó a comercializar polvo de cocaína para inhalar. El consumo de la cocaína se introdujo rápidamente entre la alta sociedad y el mundo artístico tanto en Estados Unidos como Europa. A principios del siglo XX empezaba a hablarse de "cocainismo" como una nueva toxicomanía. Pese a los trabajos de W. G. Mortimer, en los cuales se marcaba la diferenciación entre coca y cocaína (8), y los descubrimientos de Freud, el cual clasificaba la coca como un estimulante y no como un narcótico, la cocaína (y por extensión, la coca) terminó siendo clasificada como una droga de la misma categoría que la morfina o la heroína. En 1906 empezó, en Estados Unidos y Europa, una escalada legislativa contra la droga. En 1922 el Congreso norteamericano definió oficialmente la cocaína como narcótico, prohibiendo la importación y consumo en su territorio. En 1925, en Ginebra, la II Conferencia Internacional del Opio declaraba a la coca nociva para la salud. Este veredicto fue respaldado por la Sociedad de Naciones. Tras esta fecha, las aplicaciones científico-médicas de la coca se redujeron prácticamente a cero.

El coqueo

 

Tradicionalmente, los indígenas andinos consumen las hojas de la coca masticándolas o chupándolas lentamente. A esta acción se la denomina "coqueo" o (en lengua aymara) "acullicar". Desde tiempos precolombinos, el coqueo se realiza de la siguiente forma: las hojas secas de coca se llevan en una bolsita de tejido multicolor que cuelga del cuello. Dichas hojas se introducen dentro de la boca, entre la mejilla y las encías.

 Junto con las hojas se coloca también un poco de ceniza vegetal, la cual contiene una sustancia alcalina llamada tocra o llujta que ayuda a liberar los alcaloides de la hoja y acelera su absorción sanguínea. Una "cocada" (tiempo en el cual se mantiene la coca en la boca) dura unos 45 minutos.

Pero el coqueo es algo más que un simple soporte energético o una manera de engañar el hambre, de la misma manera que el tabaco, el café y el alcohol son en nuestra sociedad algo más que meras sustancias estimulantes. Toda relación social indígena va acompañada de una cocada: el precio de un animal en el mercado o feria sólo se discute después de que el posible comprador haya invitado al vendedor con unas hojas de coca. Asimismo aquél que necesita la ayuda de otros (para recoger la cosecha o construir una casa) debe proporcionar hojas de coca. Solicitar un favor, o simplemente visitar una autoridad local requiere asimismo la entrega de unas hojas de coca (9). Antes de que el lector se sonría (de una manera muy poco antropológica) convendría recordarle algunas de las costumbres de nuestra cultura: el novio que reparte puros entre los invitados de una boda, el amigo que comparte un paquete de tabaco antes de hablar en una reunión o solicitar un favor. Del mismo modo podríamos citar numerosos ejemplos relacionados con el alcohol y (quizá en menor medida) con el café. Más allá de las propiedades de estas sustancias, cumplen un rol importante en las relaciones personales de los individuos dentro de la comunidad.

Sin embargo, el coqueo cumple una función extra, que no se da en ninguna de las sustancias de integración social de nuestra cultura occidental: costumbre despreciada por el blanco, el coqueo es uno de los pocos restos de cultura autóctona que le quedan al indígena Quechua o Aymara. Una muestra de "identidad cultural" frente a una sociedad de invasores de piel pálida que literalmente lo está devorando. Ese es el motivo de la resistencia que la sociedad indígena presenta ante la campaña de sustitución de la coca por el café (al fin y al cabo, otro alcaloide) por parte del gobierno.

Notas:

(2) Real cédula del rey Felipe II, expedida en Madrid el 18 de octubre de 1569: "Somos informados que de la costumbre que los indios del Perú tienen del uso de la Coca. (...) fingen , que trayéndola en la boca les da más fuerza y vigor para el trabajo, que según los experimentados, es ilusión del Demonio"

(3) (Otro extracto de la Real cédula de la nota 2) "...Y aunque nos fue suplicado que la mandassemos prohibir, porque deseamos no quitar a los indios este género de alivio para el trabajo, aunque sólo sea en la imaginación, Ordenamos a los Virreyes que provean como los indios que se emplean en el beneficio de la coca sean bien tratados..."

(4) "No dejan el vicio y la mala costumbre sin provecho, porque quien la toma lo tiene sólo en la boca, ni traga ni come" (H. Poma de Ayala) Es cierto que la coca, al aumentar el nivel de glucosa, aleja la sensación del hambre. Pero, aparte del hecho de que contiene una cantidad importante de nutrientes, sería interesante preguntarle a Poma de Ayala si los Aymaras y los Quechuas de ayer, de hoy y de siempre no comen porque mascan coca o mascan coca porque no tienen qué comer.

(5) Historia natural y moral de las Indias.Libro IV, Capítulo XXII.

(6) Sulie virtio igieniche e medicinale della Coca. Milán, 1859.

(7) Angelo Mariani, un químico corso, fue el primero en usar la planta de la coca para el consumo europeo. En 1863 lanzó al mercado un vino hecho a base de estracto de coca, llamado Vin Mariani. El vino ganó premios y medallas en toda Europa, siendo la bebida favorita de numerosas personalidades de la época: Emilio Zola, Julio Verne, Tomas A. Edison, Ulisses Grant, Alejandro Dumas, los Papas León XIII y Pío X, así como numerosos miembros del mundo del arte y de la aristocracia europea.

Poco después la empresa farmaceutica Parke Davis empezó la comercialización de la cocaína bajo la forma de cigarrillos, aerosoles, ungüentos, barritas, bebidas alcohólicas (Coca cordial) y en soluciones de sal listas para ser inyectadas (a las cuales era aficionado el detective de ficción Sherlock Holmes, tal y como narró su autor en 1890 en la novela El Signo de los Cuatro) En 1895 un farmaceutico de Georgia lanzó al mercado una mala imitación del Vin Mariani y la Coca Cordial. La bebida, recomendada contra el dolor de cabeza y la fatiga, se llamaba Coca Cola.

(8) Peru: A History of Coca. William Golden Mortimer, 1901

(9) Para más información en este sentido consultar el libro: La coca en Bolivia, trabajo conjunto de W. Carter, P. Parkerson, M. Mamani y J. Morales. Editado en La Paz (Bolivia) en 1980.