El arte curativo de los Mayas y
los primeros médicos de la Península
de Yucatán, México.

Gaspar A. Xiu-Chacón.
Presidente del Supremo Consejo Maya y de la Alianza Maya de Yucatán, A.C., Mérida, Yucatán, México.

RESUMEN.

Las enfermedades y los males provenían según los mayas, de los malos vientos, de los hechizos y brujerías, de la conjunción de los astros, o por el enojo de alguno de los dioses de la teogonia maya. Por este motivo, las enfermedades eran curadas bajo un signo y oración religiosa de los sacerdotes. El Ah-men era un profeta y adivino, que curaba los males espirituales de sus pacientes por medio de la inspiración divina que recib&iac ute;a en sus largos trances con los espíritus y dioses que invocaba. Utilizaba el "zaztún" o piedra taumaturga y conocían el secreto de muchas yerbas curativas. El Pul-yahob (Brujo hechicero) curaba las enfermedades pra cticando ritos con plantas y animales o utilizando figurillas de barro para ahuyentar los malos vientos y espíritus. Los Dzac yahes son curanderos que dominan el conocimiento químico y medicinal de la herbolaria. Su sistema curativo e s reconocido como un método eficaz.

Los primeros médicos en la península de Yucatán fueron extranjeros, a principios del siglo XVIII. Uno de ellos fue un portugués llamado Juan de Pereira, que tuvo un fin misterioso. Acusado de judeizante, ante el comisario del Santo Oficio, éste le hizo aprehender el 12 de febrero de 1713 y nadie volvió a tener noticia de su paradero. El segundo médico de la época que acabamos de citar, fue Giobani Francesco Mayoli. El vivioacu te; en Valladolid, donde ejerció su profesión con éxito hasta el 27 de mayo de 1770, en que falleció a una edad muy avanzada. La tradición atribuye al médico romano varios estudios botánicos sobre las plant as de la península, que han sido recopilados en un libro manuscrito "Descripción de los nombres y virtudes de las yerbas indígenas de Yucatán". También se cree que escribió un libro titulado "El Jud ío", siempre sobre el tratado de las plantas medicinales. Tenemos noticia de que se escribieron en Mérida dos obras del mismo género en el segundo siglo de la dominación española. Titulase la primera "Diccionar io Hispano Maya y Maya Hispano Médico y Botánica Regional" y la segunda "Diccionario Botánico y Médico de Yucatán". La primera fue escrita por el franciscano Gabriel de San Buenaventura y la segunda por el fraile de la misma orden llamado Andrés Avendaño. 

Palabras clave: Medicina prehispánica, medicina maya, historia de la medicina. 

SUMMARY.

The curative art of the Mayans and the first doctors in the Yucatan Peninsula.

According to the mayans, illnesses and diseases were caused by evil winds, witchcraft and magic, the stars or the anger of one of the gods in mayan theogany. Therefore, diseases were cured by the priest' religious signs and pray ers.

The "Ah-man" was a prophet and fortune teller who used divine inspiration he received during long trances with the gods or spirits he invoked to cure his patients. He also used the "zaztún" or the thaumaturge stone and knew t he secrets of many curative herbs. The "Pul-yahob" (the medicine man) practised rites with plants and animals or used earthenware dolls to drive away the evil winds and spirits in order to cure illnesses. The "Dzac yahes" are medicine men with the herbali st's chemical and medicinal knowledge. Their curative methods are recognised to be efficient.

The first doctors in the Yucatan Peninsula were foreigners at the beginning of the 18 eighteenth century. One of those was a portuguese called Juan de Pereira, who mysteriously disappeared. The comission of the Holy Office accused h im of juzaizing and arrested him on February 12, 1713 and he was never heard of again. The second doctor of that era was Giobani Francesco Mayoli. He lived in Valladolid where he successfully practised his profession until he died of old age on May 27, 17 70. He is attributed to be the author of several botanic studies on plants in the Yucatan which have been compiled in a book called "Descripción de los nombres y virtudes de las yerbas indígenas de Yucatán". He is also believed t o have written a book called "El judio" whish is about medicinal plants. Two similar books were written in Merida during the second century of the spanish domination. The first was called "Diccionario Hispano Maya y Maya Hispano Médico y Botá ;nica Regional" and the second "Diccionario Botánico y Médico de Yucatán". The first was written by the franciscan Gabriel de San Buenaventura and the second by Andrés Avendaño, a franciscan friar.

Key words: Mayan medicine, prehispanic medicine, history of the medicine.

INTRODUCCIÓN.

Escribir y hablar sobre la vida y el pasado histórico de los mayas ha sido siempre mi mayor pasión, aun sabiendo que al hacerlo no aportamos nada nuevo en el mundo tradicional de mis ancestros, que aún conse rvan en su espíritu la verdad y el conocimiento de muchas, pero muchas cosas, que en los libros no se registran ni se aprenden.

Les hablaré brevemente de Maní, ultima ciudad del imperio maya, porque de allí he sacado el mayor número de mis escritos, inspirándome en la sombra de su centenaria ceiba, en el enigma que reina en su cenote y en el silbido del viento al pasar por los claustros franciscanos de su histórico convento. Sus calles, sus templos y sus hombres, encierran un milenio de su historia castigada por el fanatismo de un fraile, que arraso una cultura, a u na raza y asesino a un pueblo. Ese fraile, cuyo nombre los indígenas no pronuncian, fue el inquisidor Diego de Landa.

En el año de 1562 fue ejecutado el auto de fe de Maní, y en el se destruyeron decenas de ídolos, vasos, vasijas y piedras que eran utilizadas en los ritos y ceremonias de la casta sacerdotal. La mayor gravedad c on que esta revestido el auto de fe de Maní, fue la destrucción de los libros y códices mayas formados en 27 rollos de escritura jeroglífica en donde se registraban los estudios de siglos, sobre astronomía, matemá ticas, el computo del tiempo, astrología, brujerías, profecías y medicina. Así fue como las Ah Menes, Chilames, Ah Kines, Nacomes y Chaques que existían en el reino fueron castigados fatalmente con la hoguera inquisitori al, por lo que muchos murieron y otros huyeron a la profundidad de la selva, llevándose su arte, su ciencia y su sabiduría. Y fue después de muchos años de haberse consolidado la dominación española, cuando los hi jos y los descendientes de éstos bajaron de los cerros para aprender la lengua y la cultura española que les sirvió a los indígenas del siglo XVI, para escribir en lengua maya sus crónicas con los caracteres de la escrit ura española. Estas crónicas son las que se conocen actualmente con el nombre de los libros del Chilam Balam. Entre otros se conocen el Chilam Balam de Chumayel, de Maní, de Ixil, de Kaua, de Tusik, de Oxkutzcab, de Teabo, de Tekax, que tomaron el nombre de los lugares donde fueron encontrados. El profesor Alfredo Barrera Vázquez, nuestro sabio mayista, en su obra "El libro de los libros del Chilam Balam", describe a perfección la filosofía y el g&eacut e;nesis del sacerdocio maya.

Desde muchos siglos anteriores a la conquista, los mayas vivían y se desenvolvían bajo el poder religioso de sus dioses y sacerdotes. Esta casta era imperativa en la vida y en la formación de estos pueblos, ya que su poder era transmitido de generación tras generación, entre hijos parientes y hermanos. El sumo sacerdote, el de mayor linaje entre esta casta, era el llamado, según Landa, ahaucan, quien poseía excepcionales conoci mientos en la administración de los sacramentos, en los días y tiempos fatales, en la profetización de los acontecimientos, en la manera de curar y remediar los males, y el perfecto conocimiento de leer y escribir en jeroglífic os sus observaciones y comprobaciones científicas. De este tipo de escritura precolombina sólo se han conocido tres códices, que guardan un mundo de la cultura y civilización maya. Estos son: El Códice Dresden, el C&oacu te;dice Pereciano y el Códice Cortesiano, que fueron elaborados con la corteza de un árbol llamado copó y que nosotros conocemos con el nombre de álamo. La corteza de este árbol, era triturado y se mezclaba con v arias resinas hasta formar una pasta compacta que era secada en la sombra de algún templo, para que después ya cortada en tiras sirviecen para la grabación de su escritura. Hasta hoy en día, se admira la perfección de su s cálculos astronómicos y la perfecta cronología que rige su calendario, así como lo indescifrable de su escritura jeroglífica.

Así penetraremos en el arte curativo de los mayas, basándonos de la tradición histórica y del ejercicio curativo que muchos Ah-Menes, brujos y yerbateros ejercen hoy en día en cientos de pue blos y comunidades indígenas. 

CLASES DE ENFERMEDADES Y MANERAS DE CURARLAS.

Las enfermedades y los males provenían según los mayas, de los malos vientos, de los hechizos y brujerías, de la conjunción de los astros, o por el enojo de alguno de los dioses de la teogonía maya. Por este motivo, las enfermedades eran curadas bajo un signo y oración religiosa de alguno de los siguientes sacerdotes. 

Ah-men.

Era este un profeta y adivino, que curaba los males espirituales de sus pacientes por medio de la inspiración divina que recibía en sus largos trances con los espíritus y dioses que invocaba. De los principales males de que se ocupaba, eran los que se causaban por hechicería, y para curarlos o adivinarlos, utilizaba el zaztún o piedra taumaturga, en donde creía ver a las personas que causaban el mal. También conocía n el secreto de muchas yerbas curativas. 

El brujo hechicero (Pul-yahob).

Era el personaje que curaba las enfermedades practicando ritos con plantas y animales o utilizando figurillas de barro para ahuyentar los malos vientos y espíritus de sus enfermos. También era el personaje buscado para causar algún mal al enemigo. Era muy temido en el espíritu imaginativo de los mayas, porque según ellos, para hacer el mal, podía adquirir la forma de cualquier animal y penetrar hasta su enemigo para causarle el daño q ue el quería. Así se concebió el "Huay Chivo" a quien muchos, hasta en la actualidad temen. Utilizaba también en su arte curativo el zaztún yerbas y plantas.

Los dzac yahes.

Son los verdaderos curanderos o yerbateros que dominan a perfección el conocimiento químico y medicinal de las yerbas y de las plantas. Su sistema curativo es acertadamente científico y eficaz. Esto se ha demost rado por la inmensa cantidad de literatura médica maya, que muchos europeos copiaron de los manuscritos y recopilaron también durante sus investigaciones científicas, practicadas durante muchas décadas entre los pueblos del &aa cute;rea maya. Thompson dice al respecto: "Es sorprendente el número de textos médicos de los mayas que tratan de la sintomología de las enfermedades y sus datos están basados en observaciones objetivas de los efectos de c iertas plantas en el sistema del cuerpo humano. Algunas de estas plantas aparecen en la farmacopea de los Estados Unidos de Norte América". Aunque no poseo datos exactos y comprobatorios, casi puedo asegurar que entre los médicos mayas, hab& iacute;a grandes cirujanos puesto que practicaban la trepanación entre algunos de sus muertos, tal y como a continuación veremos en un relato de Landa, que dice: "A los antiguos señores Cocom, habíanles cortado la cabeza c uando murieron, y cosidas, las limpiaron de la carne y después aserraron la mitad de la coronilla para atrás, dejando lo de adelante con las quijadas y dientes. A estos medias calaveras suplieron lo que de carne les faltaba con cierto bet&ua cute;n y les dieron la perfección muy al propio de cuyas eran, y las tenían con las estatuas de las cenizas, todo lo cual tenían en los oratorios de las casas con sus ídolos".

En el caso de algunas fracturas de huesos o cuando estos astillaban, los mayas utilizaban un pequeño bisturí de pedernal macizo para evitar el derrame interno que las astillas ocasionaban. Estas eran extraídas c on sumo cuidado, y después de lavar la herida con yerbas, el brazo o la pierna era entablillada rústicamente, pero con ciencia y habilidad de grandes ortopedistas. El mismo bisturí era utilizado en las heridas infectadas o crón icas para extraer pus o materia, y en algunas heridas, también practicaban la sangría.

A la llegada de los españoles y de los primeros misioneros a la península, en el año de 1550, les causó sorpresa y admiración ver a cientos de indígenas acudir en largas y solemnes procesion es a la sagrada ciudad de Izamal, para rendirle culto a Zamná, que según la mitología de los mayas, fue el creador de todas las cosas que existen en Yucatán. En realidad, podemos considerar a Zamná como el fundador de Izamal y como un gran cacique y sumo sacerdote cuya gloria es haber fundado en tiempos primarios la organización social y religiosa de estos pueblos, que aprendieron a regirse con dignidad, culto y sabiduría. Pero es indudable qu e Zamná fue un sabio y científico, conocedor de todas las ciencias. Es por eso que a su reino acudían gran cantidad de novicios para iniciarse en el arte y culto del sacerdocio. Se le considera a Zamná descubridor de las virtudes químicas de las plantas, y quien fundó en unión de Xchel y de Citbolontun la escuela médica de que después hicieron su profesión los Ah-menes y curanderos. 

Los primeros médicos en Yucatán.

Esta fuente histórica la tomamos de la Historia de Yucatán del ilustrísimo novelista e historiador Eligio Ancona, quien nos dice al respecto: "Yucatán es una de las colonias más olvidadas de su metrópoli. No cultivaba ni podía cultivar otras ciencias que no fuera la teología, el derecho canónico y otros semejantes, de los cuales había algunas cátedras en los colegios. Los pocos abogados que había n en la península eran gachupines. En cuanto a médicos no hay noticias en ninguna de nuestras crónicas de que hubiese habido uno solo en la provincia, en los dos primeros siglos de la dominación española".

Los primeros que ejercieron la profesión de médicos en la península fueron extranjeros que se presentaron casi al mismo tiempo en el país a principios del siglo XVIII. Uno de ellos fue un portugués , llamado Juan de Pereira, que tuvo un fin misterioso. Acusado de judeizante, ante el comisario del Santo Oficio, éste le hizo aprehender el 12 de febrero de 1713, y nadie volvió a tener nunca noticia de su paradero. Con seguridad fue quemado en la hoguera de la Inquisición en la ciudad de México, a donde fue remitido. El segundo médico que apareció en la provincia por la época que acabamos de citar, merece una mención especial. No debe ser má s católico que Pereira porque salió de Roma, su patria, a causa de que fue delatado por hereje al Papa Clemente XI, quien libró contra él, una orden de prisión. Este ilustre varón llamabase Giobani Francesco Mayoli, y se había ya graduado de doctor en medicina cuando se vio obligado a emigrar al Nuevo Mundo. Ignoramos como pudo vencer la prohibición que tenían los extranjeros de pasar a las colonias españolas. Presentándose primero en Campeche, durante el gobierno de Don Alfonso Meneses Bravo de Sarabia; paso luego a Mérida, y enseguida se fijo en Valladolid, cuyo clima le pareció delicioso. En todas estas poblaciones hizo curaciones que fueron calificadas de maravi llosas, acaso porque era la primera vez que la verdadera ciencia de la medicina era aplicada en la Colonia a las dolencias de la humanidad. Pero este mismo acierto estuvo a punto de causar la perdición de Mayoli; porque el vulgo atribuyo su saber a causas sobrenaturales y dio en llamarle el médico judío, con cuyo nombre nos lo ha conservado la tradición. Observose además que no tributaba culto a las imágenes, ni oía misa, mas que dos veces al año; un a en Jueves Santo y otra en Corpus, y por todos estos motivos fue delatado al obispo Padilla. Supo triunfar de esta acusación después de una larga conferencia que tuvo con el prelado en Mérida y vuelto a Valladolid, siguió eje rciendo su profesión con bastante exito hasta el 27 de mayo de 1770, en que falleció a una edad muy avanzada. La tradición atribuye al médico romano varios estudios botánicos sobre las plantas de la península, que han sido recopilados en un libro manuscrito que se titula "Descripción de los nombres y virtudes de las yerbas indígenas de Yucatán". También se cree que escribió un libro titulado "El Judío", siempre sobre el tratado de las plantas medicinales. Tenemos también noticia de que se escribieron en Mérida dos obras del mismo genero en el segundo siglo de la dominación española. Titulase la primera "Diccionario Hispa no Maya" y Maya Hispano Médico y Botánica Regional" y la segunda "Diccionario Botánico y Médico de Yucatán". La primera fue escrita por el franciscano Gabriel de San Buenaventura y la segunda por el f raile de la misma orden llamado Andrés Avendaño. Como puede observarse, debido a la falta de médicos en la península durante el siglo XVI, los enfermos seguían curándose con el tratamiento herbolario Ah-menes y Cu randeros. Muchos fueron los hidalgos españoles que quedaron maravillados de verse curados de males crónicos y de otros con la sabia medicinal de los mayas.

Fue a mediados del Siglo XVII, cuando empezaron a aparecer en la península los manuscritos mayas que contenían gran cantidad de recetarios vegetativos sobre la flora de Yucatán y su manera de aplicarla. De estas crónicas haremos mención de las de mayor importancia ya que en su contenido han encontrado muchos investigadores, historiadores, químicos, botánicos y médicos, la fuente histórica para escribir sus obras y compen dios sobre el tratado de la medicina nativa que se conoce.

Estas son: el Chilam Balam de Kaua, de Ixil, de Tekax, de Teabo, Sotuta, Maní, Oxkutzcab, Ticul, Chumayel y otros que a mi memoria escapan. Desgraciadamente la mayoría de estos valiosisimos documentos se hallan en el e xtranjero, de donde podemos deducir que nuestra cultura madre ha sido robada y en pago a nuestro silencio, hemos recibido en obras de valioso contenido histórico el legajo cultural de nuestra ancestral raza, que nos describe casi a perfecció n Morley, Gate, Frans Blon, Tozzer, Cordan, Ralph L. Roys, Stephen, Thompson y otros. Destaca por su importancia en esta rama la Endo Botánica Maya de Ralph L. Roys que fue escrita en inglés y maya. En ella se describe en una forma amplia la s diversas clases de enfermedades, sus recetas curativas, el nombre nativo y científico de las yerbas y plantas medicinales, etc. En síntesis, muchos son los hombres que dejaron en documentos y escritos el resultado de sus estudios e investi gación en estas legendarias tierras del Mayab. El Prof. Alfredo Barrera Vazquez, las reune en uno de sus escritos publicados por la revista médica del hospital O´Horán en el año de 1963.

Como parte final de este modesto trabajo, me referiré a uno de los últimos Ah-menes de Maní, porque de este lugar salían los más renombrados curanderos de la península, se llamaba Don Ventur a Pat, quien curaba como obra milagrosa el mal de pinto, la picada de víbora, la erisipela, la hidropesia, el mal de riñones, la rabia, gonorrea, la disentería crónica y muchas enfermedades mas que le hicieron famoso en toda la comarca. Dícese que conocía mas de 1,000 yerbas y plantas curativas, aparte de otras artes ceremoniales para causar males a sus enemigos. También por esto fue muy temido. Nació por el año de 1790, y murió en 1890 a los 110 años de edad. 

BIBLIOGRAFIA.

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