MEDICINA ARABE

El mundo árabe o islámico, que surge paralelamente a Bizancio, fue el escenario fundamental de la medicina y de la ciencia durante buena parte de la Edad Media. En la primera etapa, que comprende aproximadamente los siglos VIII y IX, incorporó el saber médico de origen griego, especialmente de Galeno, Aristóteles y Dioscórides, combinándolo con algunos elementos de la medicina clásica de la India. Ello significó un extraordinario esfuerzo de traducción al árabe de obras médicas que estaban escritas principalmente en griego. De esta manera se consolidó el dominio del sistema de Galeno en la medicina islámica y, más tarde, en la europea que dependió durante varios siglos de las obras en árabe.

La medicina árabe estaba íntimamente unida a la religión y a los usos y costumbres de la sociedad y la cultura.

Diocles de Caristo (300 a. C.)

Al comienzo de la era islámica, los seguidores del profeta adoptaron una medicina a la que fueron incorporando normas de vida, dietas y reglas de higiene que llegaron a formar parte del camino recto de la salvación: Actos como la práctica de la limpieza de los dientes, se convirtieron en prácticas rituales. Mahoma incluyó algunas de estas normas en el Corán que luego se agruparon en el Tibb-Al-Nabi, Medicina del profeta, donde volvió a integrarse la salud espiritual con la corporal que había separado la medicina hipocrática. En el Islam surgió el hakim, médico filósofo, que en el camino de la medicina busca la sabiduría, guiado siempre por elevadas normas éticas. Une siempre la ciencia con los ideales éticos.

La patología estuvo basada en la misma doctrina humoral y explica la enfermedad como un desequilibrio en la armonía natural de los hombres. Como factores etiológicos se aceptaban las alteraciones en las seis cosas no naturales de Galeno. Otro factor etiológico no natural fue el alimento y la bebida, pues por mandamiento religioso estaban excluidas las bebidas alcohólicas, ocupando la dieta una posición decisiva tanto como causa de enfermedad y como factor terapéutico.

Hay noticias de las academias de El Cairo y otras ciudades donde se enseñaba la medicina según planes de estudio adecuados, con facilidades clínicas en hospitales bien dotados, cocinas orientadas a la preparación de dietas apropiadas, baños, farmacias, jardines botánicos y ricas bibliotecas. Se utilizan algunas formas de terapia, como los baños, los masajes, especialmente en los baños o “hamman”, la música y la ocupación. Igualmente se tiene en cuenta una decoración llena de sensualidad.

             La terapéutica en el mundo árabe, consta de las tres ramas galénicas tradicionales; la dietética, entendida como regulación total del género de vida; la farmacología y una cirugía muy poco desarrollada. La dietética  va dirigida a evitar la enfermedad mediante reglas muy sencillas para los pacientes. Tratan de regular las seis cosas no naturales del galenismo: aire y ambiente; comida y bebida; sueño y vigilia; trabajo y descanso; ingesta y excreta y movimientos del ánimo. Son también importantes: la luz, el aire, el agua, la situación geográfica y las condiciones climatológicas, así como mantener el ritmo del trabajo y el descanso, del sueño y la vigilia, la higiene, la higiene sexual y los “afectos del alma”.

La dietética era la base del tratamiento, e incluso todo el tratamiento, si la enfermedad no pedía recursos más enérgicos. Según Schipperges, "Las posibilidades de la intervención médica se ordenaban de manera estrictamente jerárquica...Ni la cirugía, ni la farmacología estaban autorizadas antes de ensayar todas las posibilidades de la medicina dietética ".

La medicina islámica poseía ya por sus raíces religiosas un profundo sentido de compasión fraternal por el enfermo, que adquirió carácter profesional formal en sus primeros escritos médicos al recoger la tradición hipocrática. Se encuentran elevadas normas éticas en todos los escritores médicos árabes. El camino recto y la pura intención son imprescindibles para el buen médico.

También son importantes los hospitales. En la enfermedad mental, además del tratamiento dietético, en el hospital se lleva a cabo terapia con música, danza, teatro, baños y trabajo. Igualmente hay una terapia por sugestión; según Laín Entralgo,  el médico árabe supo dar valor a la psicoterapia. Hanna Kamieniecki escribe que en la introducción del "Tratado del Asma" Maimónides dice : "es igualmente claro para los médicos que no se puede llegar a realizar  la terapia de las enfermedades de manera directa, es preciso esforzarse antes de nada en conocer bien el temperamento del enfermo". La curación es para él sinónimo de vuelta a un equilibrio anterior momentáneamente perturbado. Para conseguirlo conviene utilizar no solamente capacidades del cuerpo sino también las facultades del espíritu. Trata el dolor corporal al mismo tiempo que el sufrimiento espiritual.

Rhazes (865-932), al igual que los autores clásicos se interesó por la prevención de las enfermedades y el uso de las dietas en su tratamiento, el provecho y el daño de los baños, se ha destacado su comprensión del tratamiento moral en las enfermedades mentales. Defiende la alquimia. La prevención es más importante que la terapia, y la dietética es más importante que la intervención audaz. La atención psíquica del enfermo es condición imprescindible de todo tratamiento.

Abulcasis se preocupó de problemas psicológicos, como la educación de los niños. Sus contribuciones a la ética y a la práctica clínica fueron así mismo importantes.

Husain - Ioannitius divide la medicina en Higiene y Terapéutica, y la terapéutica abarcaba la dietética, la materia médica (farmacoterapia) y la cirugía, en definitiva el clásico esquema ternario de Celso. El primer paso del tratamiento era la dietética y en tanto prevenía la enfermedad, la dietética se configuraba como higiene y se hacía según las particularidades biológica de la persona (niño, viejo, biliar, flemático, etc.), la actividad o profesión de éste y la estación del año.

Avicena (980-1037) llama “factores necesarios” a las seis cosas no naturales. Escribió el renombrado Canon, muy utilizado durante los siglos siguientes. La salud par él no viene del médico “La salud la proporciona un principio muy superior al médico, el principio que proporciona exclusivamente a la materia su forma esencial. Su esencia es más notable que la materia” Tanto Rhaces como Avicena se ocuparon de la higiene sexual en sus textos y también se reglamento la utilización del baño.

Ibn Wafid  (1008-1075), nació en Toledo donde estudió medicina y se familiarizó con los textos de Aristóteles, Dioscórides y Galeno.  Se muestra partidario de no usar los medicamentos compuestos, sólo los simples y aun estos evitarlos si los enfermos se pueden curar sólo con la dieta. 

Publicó también un texto sobre balneoterapia.

Avenzoar (1092-1162) nació en Sevilla y mantuvo estrecha amistad con Averroes. Recomendó el uso del agua fría para disminuir la fiebre. Insistió sobre el valor curativo de las dietas, previno contra el abuso de los medicamentos, y recomendó comenzar siempre administrando las drogas en pequeñas dosis y aumentarlas si se observaban buenos efectos al cabo de tres días. Mantuvo la conveniencia de espacios amplios y aire puro para mantener la salud y escribió también sobre la dieta.

Abd al-Habid, da normas de higiene o prevención y escribe sobre la prohibición de ciertos medicamentos.

Averroes (1126-1198) puso énfasis en los regímenes de vida y en la dieta.

Maimónides (1135-1204) nació en Córdoba. En el siglo XII el centro de la cultura árabe se desplaza hacia “al-Andalus”. Maimónides da reglas sobre la vida higiénica y las dietas, y recomienda no usar medicamentos. Si éstos fueran necesarios, debe utilizarse siempre el más débil y preferir la medicación con simples a las fórmulas complejas. Sostiene, según Laín Entralgo,  que el hombre es responsable de su salud y puede por ello influir sobre la duración de la vida. Hay que reforzar las fuerzas naturales por medio de los alimentos, así como las fuerzas espirituales a través de los buenos olores.

“Sirven también al incremento de la fuerza animal los instrumentos musicales, el entretenimiento del enfermo con narraciones alegres que contenten su espíritu, distiendan su pecho, así como el relato de historias que le animen y le alegren”. Como dice Sussman Muntner, reconoció las influencias recíprocas entre el alma y el cuerpo del enfermo.

Muchos de sus consejos son aún útiles, tal como se demuestra en un manual de «cómo curarse uno mismo», conocido como “La preservación de la juventud” y que tuvo que realizar para un joven príncipe, miembro de la familia del sultán. En este manual y otros similares que realizó emergen tres grandes principios de la salud: la dieta, el ejercicio físico, y la actitud mental.

Según Edwarrd  Hoffman,  Maimónides recomendó la dieta de cereales integrales como fundamento de una nutrición correcta. De forma muy explícita prohibió al joven príncipe comer harina refinada y comentó que «Después de la molienda, se pueden hacer visibles partes productoras de acidez... El pan debe de estar hecho de grano entero sin pulir ni refinar».Opinaba que ciertos alimentos no podían comerse juntos, y especificó con detalle qué alimentos se podían mezclar y cuáles había que comer separadamente. Escribió que «el comer en exceso es como un veneno mortal para cualquier tipo de constitución corporal, y es la principal causa de todas las enfermedades»

«Las emociones del alma afectan al cuerpo y producen grandes y significantes cambios en el estado de salud». También declaró: «Los médicos deben saber que se han de valorar las emociones del alma, éstas deben ser examinadas regularmente y mantenerse en buen equilibrio» y expuso que las personas que se comportan de manera poco ética acaban sufriendo padecimientos «interiores». Maimónides recomendaba que debíamos de seguir siempre «el camino del medio» con respecto al mundo emocional. Es decir debemos evitar los extremos.  

            Al-Haris-bn-Kalada opina que el hombre es como un campo arable, que es bueno si se le cuida y se estropea si le faltan los cuidados necesarios.

El peso de los escritos árabes en la Edad Media puede juzgarse considerando el currículum de la escuela de medicina de la Universidad de Tubinga a fines del siglo XV (1481): en el primer año los textos eran Ars medica de Galeno y primera y segunda secciones del Tratado de fiebres de Avicena, en el segundo año se estudiaban el primer libro del Canon de Avicena y el noveno libro de Rhazes, y en el tercer año los Aforismos de Hipócrates y obras escogidas de Galeno

Entre los árabes la organización de los servicios sanitarios creció rápidamente. Desde los tiempos de Harun al-Raschid (siglo IX) se fundó un hospital en Bagdad siguiendo el modelo de Jundi Shapur, y en el siguiente siglo el visir Adu al-Daula fundó otro mayor, en el que trabajaban 25 médicos y sus discípulos, y que se conservó hasta la destrucción de la ciudad en 1258; en total, existieron cerca de 34 hospitales en el territorio dominado por el Islam. No eran únicamente centros asistenciales sino también de enseñanza de la medicina; al terminar sus estudios, los alumnos debían aprobar un examen que les aplicaban los médicos mayores. Los hospitales contaban con salas para los enfermos (a veces especializadas, por ejemplo para heridos, pacientes febriles, enfermos de los ojos) y otras instalaciones, cocinas y bodegas. De especial interés son las bibliotecas, que contenían muchos libros de medicina y que estaban en Bagdad, Ispahan, El Cairo, Damasco y Córdoba; esta última, fundada por el califa al-Hakam II en el año 960, poseía más de 100 000 volúmenes. La práctica de la medicina estaba regulada por la hisba, una oficina religiosa supervisora de las profesiones y de las costumbres, que también se encargaba de vigilar a los cirujanos, boticarios y vendedores de perfumes. La cirugía se consideraba actividad indigna de los médicos y sólo la practicaban miembros de una clase inferior; la disección anatómica estaba (y sigue estando) absolutamente prohibida por el Islam, por lo que la anatomía debía aprenderse en los libros. Algunos de los médicos estaban muy bien remunerados, como Jibril bn Bakht-yashu, favorito de Harun al-Raschid, quien recibía un honorario mensual equivalente a varios miles de dólares y una recompensa anual todavía mayor, "por sangrar y purgar al comandante de los Fieles"; también Avicena acumuló una gran fortuna durante su vida.

A mediados del siglo XIII el poderío del Islam empezó a declinar. En 1236 Fernando II de Castilla conquistó Córdoba y en 1258 Bagdad fue destruida por los mongoles; en los dos siglos siguientes la civilización árabe fue poco a poco desapareciendo de las tierras mediterráneas y de Oriente, pero su impacto cultural dejó huellas indelebles sobre todo en Persia, en el norte de África y en España. La contribución principal de los árabes a la medicina fue la preservación de las antiguas tradiciones y de los textos griegos, que de otra manera se hubieran perdido; además, mantuvieron el ejercicio de la medicina separado de la religión en los tiempos en los que en Europa era un monopolio de los clérigos. Mientras en los países cristianos la enseñanza de la medicina se limitaba a la Iglesia, en España, Egipto y Siria la instrucción estaba a cargo de médicos seculares y se impartía a judíos, árabes, persas y otros súbditos del Islam. Esta enseñanza no era solamente teórica, sino que también incluía prácticas clínicas. Castiglioni concluye que los árabes:

[...] no contribuyeron de manera importante a su evolución [de la medicina] agregando nuevas observaciones y conceptos, ni abrieron nuevas líneas de estudio médico; pero en una etapa de grandes problemas en Occidente, fueron los que conservaron la tradición médica, los que mantuvieron una cultura médica laica, y los intermediarios de cuyas manos la civilización occidental iba a recuperar un precioso depósito.