El Príncipe Francisco Argandoña adquirió un terreno yermo en el paraje de Wayrapucu (lugar "donde sopla el viento"), ordenó el desmonte de las faldas adyacentes y, en 1892, después de su primer viaje por Europa, conjuntamente con su esposa Clodilte, encomendaron al arquitecto Antonio Camponovo para que proyectara la construcción del señorial edificio, el mismo que fue  terminado en 1897.

Esta mansión es uno de los más curiosos edificios de fines del siglo XIX, constituye un verdadero muestrario de la arquitectura ecléctica europea de esa época. 
Por lo que se ve los propietarios no pudieron escapar a la atracción de los estilos más diversos de cuantos vieron en sus viajes por el viejo continente, por ello, La Glorieta resulta un conjunto de cuerpos diferentes, cada uno de ellos realizados en un estilo  distinto, mezclando a veces dos o tres.
El castillo o palacio de La Glorieta visto a la distancia semeja a un castillo de cuento de hadas. Se ingresa al palacio a través de un impresionante camino de cedros añejos que conducen a una hermosa reja de hierro forjado, que da acceso a un amplio espacio con piso de laja

. A la izquierda se encuentra un barandado de hierro forjado sobre un macizo calicanto en todo el frontis del castillo que bordea la quebrada del Quirpinchaca.   

 

De izquierda a derecha aparece una torre octagonal románica coronada con un mirador de cristales,  un cuerpo de alturas bizantino, un pórtico árabe de arcos poli lobulados, detrás resalta  un alto minarete con remate bulbiforme, hace esquina al edificio principal, un palacio florentino del siglo XV, a éste se adosa una capilla con campanario de estilo gótico, cinco frontis holandeses con espadaña continúan la composición que concluye en una larga galería de un solo piso interpretada en renacimiento francés.   A la derecha, en estilo renacentista francés, se hallan las caballerizas de un solo piso, cinco frontis holandeses con espadaña continúan  la composición del bloque.

Hay que reconocer que para Camponovo el encargo hubo de ser un verdadero "tour de force", pues se le pedia la reunión de la historia de la arquitectura en un solo palacio. Por el resultado se puede juzgar que salió airoso del encargo, pues en medio de lo abigarrado del edifico, hay una cierta unidad que hace agradable el conjunto, aunque exótico.

 

Continuando con la descripción del monumento, se encuentra el bloque del castillo, en su fachada frontal, al centro tiene una grada que comienza a la altura necesaria para montar o desmontar de un caballo, y dos gradas laterales llegan al porche de estilo árabe. Al la derecha se encuentra un palacio florentino en estilo Renacimiento italiano. Ingresando por el porche al castillo se aprecia un hall iluminado con vidrios de colores,  dividido por arquería morisca, después de la cual se encuentra la grada interior de acceso al primer piso, cubierta por un cúpula de cristales en una estructura de hierro. Lateralmente, en ambas direcciones una puerta de acceso a los ambientes posteriores al gran salón y  al comedor. Por delante, con piso de mosaico y molduras trabajadas en cielo falso, el hall conduce a través de dos puertas por lado, hacia la derecha al gran salón y hacia la izquierda al comedor

En el interior existen chimeneas de mármol italiano. Los pisos de madera en diferentes colores y complicados diseños, hacen juego con amplias y hermosas puertas de cedro con cristales bellamente esmerilados. Molduras de exquisitas formas le dan a los ambientes una elegancia poco usual en estas latitudes.

Los grandes cuadros, que se conservan en uno de los salones construidos por F. Parera, retratan destacados momentos en la vida de la familia Argandoña. En uno de esos cuadros está el Papa León XIII en actitud muy familiar con Don Francisco y Doña Clotilde, en otro Alonso XIII abuelo del actual Rey de España Juan Carlos de Borbón, muy joven con su madre la Reina Regente reciben en protocolar ambiente a la corte a los príncipes y su comitiva

Otro cuadro de mayores dimensiones, muestra a todos los huérfanos de los dos asilos, sus instructores y los bonachones señores. La pintura más curiosa es aquella en la que el artista reúne de manera muy real u en un solo lienzo a los padres de cada uno de los príncipes en el esplendor de su vida